De todos los lenguajes del planeta, el más enigmático, sin duda, es el musical. Que perdonen poetas y otros juglares porque fonemas y monemas también tienen su propia melodía universal.
El orden de las corcheas, silencios, redondas y compases doblegan, y encantan, la razón y los sentidos. Los magos que dominan el arte de componer desatan a través de nuestros oídos emociones reconditas. Estimulan y revelan aquello que aún no se puede escribir en otras convenciones gramaticales.
La profesora, y biografa británica, Anne Beer recupera en su libro "Armonías y suaves cantos" ocho mujeres compositoras que la historia de la música tradicional había subestimado. Una de ellas fue la denominada "femme fragile" de principios del siglo XX parisino, Lili Boulanguer. Delicado y melancólico este Nocturno que compuso para acompañar los atardeceres con apenas 18 años:

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