De lectura rápida y estimulante, cualquiera de las obras del Nobel John Maxwel Coetzee es perfecta para los días de estío. Su nombre ha quedado ligado a la estación del sol, inevitable no relacionarle con el "Verano", uno de sus libros más laureados. Desde hace pocos meses a su lista de publicaciones se suma otra: "Photographs from Boyhood", no disponible aún en español.
Dicen de Coetzee que debe tener algo de bipolar, pues para poder transmitir perfiles de
personas tan distintas el abanico de percepción debe ser amplio y capaz
de asumir una verdad y su contraria. Licenciado en matemáticas y en la humanística más profunda, es el escritor en esencia, capaz de moverse entre las aguas de
la ciencia y sus números, pero también entre las voces ahogadas de la
narrativa, fiel además al compromiso social urdido en Cape Town, su Sudáfica natal.
No defrauda la lectura de "Verano", una autobiografía novelada del propio escritor que reinventa ese concepto para la literatura. Es la tercera parte de la serie "Escenas de una vida de Provincias", tras las páginas de "Infancia" y "Juventud": una mirada singular sobre uno mismo y la creación literaria. Coetzee habla de sí mismo en tercera persona, buscando la objetividad y el distanciamiento, peculiaridades de su obra sobre las que reflexiona así Fernando Aramburu: "Nadie está hecho de palabras. Nadie, aunque hable, cante, escriba, consiste en palabras. Con todo, no disponemos para exteriorizarnos de un medio más efectivo que el lenguaje. Si fuéramos sólo nuestra cara bastaría un retrato para darnos a conocer. Pero somos islas. Así nos define Coetzee en una página de Juventud, el segundo tomo de sus memorias ficcionadas. Islas separadas entre sí por una extensión mayor o menor de soledad. ¿Cómo expresar lo que uno es y ha sido sin caer en los excesos y demás pegajosidades que ofenden al pudor, a la modestia, al cacharro ese que llaman la verdad? Quizá un buen truco radique en transmutarse en otro. Coetzee evocó su infancia y juventud desde una perspectiva externa, con los verbos en tiempo presente."
"Bueno, a eso se arriesga uno cuando se enamora. Se arriesga a perder la dignidad."
(Verano, J.M. Coetzee_ 2010)

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